María Camahort contagia su versión del ritmo español

María Camahort y Laura Ruhí-Vidal. Foto: Anabel Rodriguez
María Camahort y Laura Ruhí-Vidal. Foto: Anabel Rodríguez

María Camahort brilló de nuevo con su Quintet sobre el escenario el pasado martes 20, y esta vez lo hizo a lo grande en el Milton Court Concert Hall. Era la primera vez que el grupo se enfrentaba a un público tan numeroso en un lugar tan emblemático, sin embargo, los nervios parecían disolverse con los aplausos al terminar cada actuación.

Personas de todas las edades y estilos esperaban expectantes a que comenzase el espectáculo de guitarra. El grupo, con la perfecta combinación de guitarra de María Camahort, guitarra y percusión de Pablo Domínguez, violín y voz de Violeta García, el violonchelo de Sergio Serra y la voz soprano de Laura Ruhi-Vidal, que combinan en perfecta sintonía sobre el escenario dejaron el listón muy alto. La madera del lugar volvía el sonido incluso más envolvente y la luz tenue ayudaba a adentrarse por completo en la emotiva música que tocaban.

María Camahort
Foto: Anabel Rodríguez

Bajo los focos transmitían una serenidad y una armonía que se contagiaba al resto de la sala, al igual que sus sonrisas cómplices.

Interpretaron temas de Frederic Mompou, con los que comenzaron dando a conocer su nuevo proyecto resultado de cuatro años de trabajo. Con su dulce voz, María presentaba ilusionada la música tradicional española que cautivaría a todo el público minutos más tarde. Arranca una voz grave, seguida de la soprano que nos dejan sin palabras a todos, tan solo pendientes de lo que allí estaba sucediendo casi sin respirar para no interrumpir semejante momento. Cuando los instrumentos se unieron a las piezas populares catalanas con sus letras originales, era inevitable que se erizase el bello de la piel; la combinación fue increíble.

A veces los aplausos se hacían esperar porque todos queríamos seguir deleitándonos con su música y esperábamos por si se alargase cada actuación, ya que sus ritmos y melodías no dejan de sorprender con cambios y pausas. Un giro de tuerca nos sorprendió con “Pa mi niño”, donde se unía percusión a la cuerda y animaba la sala mezclando de manera perfecta dos estilos tan diferentes como el flamenco y el jazz, consiguiendo, una vez más, un resultado totalmente inesperado reinterpretando al músico de jazz Chano Domínguez.

Un homenaje a Federico García Lorca y sus poemas evocaban sentimientos muy profundos y volvían inevitable centrar toda la atención en ellos. Todos miraban fijamente, atónitos al Quintet, sumergidos en las historias que contaban y en el espectáculo tan emotivo que estaban ofreciéndonos. Un gran reto para María Camahort, combinado con un flamenco que ella respeta profundamente con “La Cogida y la Muerte”, o “Las Morillas de Jaén” entre otros poemas. Estos se fundían con la música de los instrumentos de cuerda, las voces tan diferentes parecían hechas la una para la otra y la combinación con el entusiasmo y la forma en la que tocaban nos tenían ensimismados.

El espectáculo terminó uniendo a tres grandes de la guitarra como son la protagonista del espectáculo acompañada por Ahmed Dickinson Cárdenas y Jorgen Skogmo, interpretando “Hasta Alicia Baila” de Eduardo Martín. Los tres instrumentos acompañados de percusión se sincronizaban en el escenario de una forma embaucadora y, el sentido del ritmo cambiaba continuamente dejándonos atónitos a todos los que lo estábamos disfrutando.

María Camahort
María Amo de Genteventos durante el concierto. Foto: Anabel Rodríguez

La artista supo transmitir arte musical del ritmo español con los proyectos que interpretó, ademas de lo innovador que fue el repertorio y los cambios de estilo que dio sobre el escenario, colaborando con músicos totalmente diferentes unos de otros, pero que encajaban como piezas del puzzle.

Al despedirse saludaron agarrando sus instrumentos con reverencias. Tan ensimismados estábamos con la actuación que casi no habíamos salido del asombro cuando teníamos que  abandonar nuestros asientos. Una hora y media de interpretación que se hizo corta y acabó con un merecidísimo aplauso del público que cada vez se hizo más y más fuerte.

 

 

 

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